lunes, 12 de marzo de 2012

Time.

Te llevaba esperando una hora, mil horas. El tiempo parecía hacerme caer, pasaba un minuto más, y otro, y otro...
Cuántas promesas hechas, las mismas que rotas. Promesas de papel. Tenía un plan, el plan perfecto para nosotros, pero las ganas se van yendo, mi piel aún espera esas caricias, al menos unos brazos para no seguir cayendo, da igual quién sea, algo a lo que aferrarse simplemente. 
Empiezo a contar ovejas, después de llevar contadas 890 ovejas, después de ver como el teléfono permanece callado, como el silencio se agudiza y mi corazón se enfría me pregunto dónde está la pasión cuando es lo único que necesitas. Si te apetece, aún puedes venir, improvisemos algo que hacer las pocas horas que aún nos quedan hasta que salga el sol; puede que me encuentres dormida, despiértame, no creo que me importe, pero si no te respondo a las llamadas ni a tus mensajes, si ves que no estoy donde solía esperarte ni donde solía estar, si notas mi mirada algo distante...te avisé. El tiempo hace olvidar, y más cuando se trata de recuerdos dolorosos que durante un tiempo nos hizo inmensamente felices.
 Recuérdame, recuérdanos todo lo que solíamos ser. Salías corriendo tras de mi cuando aparecían uno de mis enfados tontos, y me cogías en brazos y me cubrías de besos y frases llenas de ternura. Sabías cómo consolarme cada vez que lloraba, y sabías cuando realmente me iba a venir abajo. Te sentabas a mi lado y me dabas la mano, y me besabas repetidamente y suavemente cuándo sabías que algo no marchaba del todo bien...¿Dónde está aquel momento que tanto soñamos?
El amor dura un instante, así que ama cada día como si fuese el último, porque nunca sabes cuándo, de repente, todo acabará.

No hay comentarios:

Publicar un comentario